Hace tiempo escuche algo precioso, se presentó en una cadena de televisión madrileña un coloquio donde diversos especialistas hacían referencia a la interacción que existe entre las células de la madre y las de niño por nacer. Es de todos bien sabido que el nonato se alimenta de la madre y que la madre sufre cambios corporales para facilitar la existencia del futuro bebé. Sin embargo en este coloquio se demostró que la interacción madre e hijo va mucho más allá de hechos tan conocidos.
Una de las participantes, especialista en bioquímica, expresó que el cerebro de la madre sufre modificaciones sustanciales, de tal manera, aseguraba, ella era capaz de advertir, examinando la masa cerebral, quién ha pasado ya por la experiencia de la maternidad. Y es que en esto de ser madre hay algo que nuestras abuelas ya conocían de antaño, y le llamaron el instinto materno, ese que se despierta cuando una mujer da a luz. Resulta que en ese despertar, se producen cambios bioquímicos propiciados por las hormonas implicadas en el embarazo, y estos cambios van a dar lugar a nuevos patrones de conducta por parte de la mamá, como esa atención especializada a los sonidos que únicamente tienen que ver con el bebé, el conocimiento acertado del motivo del llanto del hijo, e identificar a partir de estímulos apenas perceptibles para los demás, las emociones que aquejan a su retoño. Y hay algo más, según los participantes del coloquio, en el cerebro materno se desarrolla lo que ellos dieron en llamar “Ausencia de juicio negativo”. Esta claro que con respecto al hijo. ¿Esto qué significa? Pues que para una madre no hay hijo feo, y por naturaleza, ahora ya vemos que bioquímica, la madre siempre terminará por encontrar aquellos puntos que favorecen al hijo, dejando de lado aquello que no sea tan favorecedor, o le perjudique.
La buena noticia es que este cerebro de madre también ocurre en los padres. Sin embargo no se da de manera tan sistemática como en la madre. Para que en el padre se desarrolle esta sensibilidad especial es necesario que el varón se encuentre a cargo del pequeño infante. Eventos tales como baño diario, cambio de pañales, acunarlo, calmarlo mientras llora, etc. Van propiciando que en el papá se genere la misma hormona que interviene en el cerebro de la mamá, de tal suerte que el padre vive, condicionado siempre a una fuerte interacción con el recién nacido, la misma transformación bioquímica que su pareja, y al igual que en ella, se fomenta un cambio profundo en la estructura cerebral.
Es decir, que una vez que se es padre o madre, se es para toda la vida, y el cerebro lo confirma.
lunes, agosto 17
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