Muchas veces sufrimos en balde, como decimos los tapatíos.
Buscamos que la vida, que las situaciones o que las personas respondan a nuestras expectativas. Doloridos nos quejamos de que eso no debió de ser así, pero así es.
Si no resulta como queremos que resulte, está mal.
Darwin descubrió en su teoría de la evolución que los seres que lograron adaptarse a las circunstancias adversas fueron los que le ganaron la batalla a la vida y con la vida la adaptación les llevo a la evolución. Desafíos a los que no estaban acostumbrados les obligaron a desarrollar nuevas formas de alimentarse, de moverse, de camuflarse, de reproducirse y sobre todo de vivir. La flexibilidad en cuanto a la adaptación supone ya de por si un beneficio a favor de las especies.
Con nosotros sucede igual, hemos de irnos adaptando a las diferentes circunstancias que nos propone la vida, pues nunca sigue siendo igual, ni siquiera un día con el anterior. Cada día supone un reto, una nueva forma de encarar la vida. Lo habitual de repente se muestra diferente y surge el desconcierto, ese mismo desconcierto al final genera lo que Piaget llamó crisis y era el preámbulo de un nuevo conocimiento.
Un poco complicado, pero es así como vamos por la vida, aprendiendo y si somos afortunados desaprendiendo. Aprendiendo que la gente se comporta de determinada manera, desaprendiendo esa forma de comportarse cuando nos enfrentamos a culturas diferentes. Aprendiendo que nuestros padres son amorosos y desaprendiendo porque nos damos cuenta que la autoridad no tiene porque ser igualmente amorosa.
Un conocimiento posterior, muchas veces no tiene porque reforzar al anterior, sino que incluso puede surgir como contradicción del otro. La adaptabilidad nos permite afrontar la crisis del desengaño sin mayores consecuencias, es esa flexibilidad la que ayuda a afrontar el cambio y (parafraseando a Darwin) evolucionar. Las nuevas circunstancias proponen un reto, pero también ofrecen una nueva perspectiva enriquecedora, aunque nos mueva de la zona de confort que supone lo familiar y conocido.
La idea es soltarnos, aceptar que no todo es como ha sido siempre, que si la gente no responde a nuestras expectativas tal vez suponga que somos nosotros quienes esperamos una quimera y estamos siendo injustos con la gente. La idea es dejar atrás la rigidez que supone pensar que todo es y será de la misma manera, dejar que la vida nos sorprenda con sus exigencias innovadoras e interesantes. Permitir que el dolor que muchas veces acompaña al cambio y la pérdida, se convierta en maestro sabio y confiable.
No se trata de ser voluble, dando al traste con creencias anteriores, se trata de ir adaptando nuestra esencia original a los retos que se van presentando. Se trata de reconocer que si los demás son como son, es porque nosotros también lo somos, y si ellos no han de influir para cambiarnos de acuerdo a lo que esperan de nosotros, tampoco tenemos el derecho de hacer lo propio con ellos.
Se trata de saber con certeza que a la única persona que podemos cambiar es a uno mismo. Eso sí, adecuándose al molde que abiertamente nos ofrecen las circunstancias.
martes, abril 19
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