jueves, agosto 20

¿A cómo la felicidad?

Tengo la sensación que desde que el ser humano se vio como humano, con posibilidad de incidir en si mismo y su destino, con emociones tal vez incomprensibles en un principio, pero no por ello menos reales y tangibles, se dedico a perseguir la felicidad. Ese estado de animo en donde la vida parece tener un sentido especial, en donde quien la vive se siente en concordia con cada uno de los seres que conviven en su entorno, y en donde pareciera que la vida es mucho más que el resultado de múltiples actividades cotidianas.

Seguimos buscándola, y cada quien a su manera se esfuerza por encontrarla allá donde le parece más comprensible se pueda encontrar, aunque a veces raye en lo inverosímil, como quien se da por buscar la llave bajo la farola, no por haberla perdido en ese lugar, sino porque ahí hay mas luz.

Es decir, buscamos la felicidad en el sitio mas fácil, menos complicado pero ciertamente el menos propicio para dar con ese sentimiento que inunda de plenitud. Es increíble la cantidad de farolas que se encienden cada día con la oferta de ser feliz. Buscarla ahí resulta sencillo, lo difícil, verdaderamente difícil, es encontrarla guardada en ese sitio.

Porque ahí no existe.

¿Cómo encontrar desde fuera un sentimiento que nace desde dentro?

Es feliz quien lo vive, quien ha logrado darse cuenta que para ser feliz no hace falta sino contar consigo mismo y su capacidad de encuentro, de asombro, de valiente energía para desechar lo convencional y hacerse con aquello que resulta sencillo y noble. Es feliz quien se descubre en si mismo y en los demás, quien comparte un guiño que le acerque al prójimo próximo. Es feliz quien advierte en el amanecer el gozo de la nueva luz que irradia de energía la promesa del nuevo día, quien se deja envolver por el trino cotidiano de los pájaros, no por escucharlos, sino por darse cuenta que avanza por la vida con los sentidos abiertos, no con las emociones adormiladas.

A pesar de lo que anuncios y comerciantes declaren, la felicidad ha seguido hasta el día de hoy sin venta. No se compra, ni se adquiere como gozo secundario del articulo de moda. Se acerca libre y sutilmente a quien esta dispuesto a percibirla advirtiendo su presencia escondida entre los momentos cumbre, como lo manifestó Maslow, momentos que a pesar de su nombre que evoca grandes escaladas, se componen de cosas tan sencillas como el beso de una madre, la sonrisa del niño ante el gozo de la primer nevada, o el tacto de la hierba olorosa bajo unos pies descalzos en un calido día de verano.