jueves, septiembre 3

Dese la vuelta que no hay dinero

Y de pronto la economía mundial se encuentra de nuevo en crisis y nosotros nos vamos quedando sin dinero. De nueva cuenta la gente que se había acostumbrado a vivir de una manera más desahogada habrá de volver a la era del con-su-mismo.
No está nada mal, si tomamos en cuenta que implica volver a la situación en donde la persona es invitada de nuevo a probar de una manera más exigente sus propios recursos y medir posibilidades, descubriendo herramientas insospechadas que le permitirán seguir creciendo y haciéndose fuerte.
Sé que más de alguno pensara con razón, que el excesivo optimismo no vale de nada cuando la casa está hipotecada y en peligro de perderse, o la despensa se queda cada vez mas vacía, o los recursos ahorrados van mermando ante la desesperación de quien no encuentra trabajo y ha de alimentar a la familia. Sin embargo el contraste ante una realidad y otra estriba en la actitud de quien la percibe. Dicen que el optimista es quien busca al caballo cuando recibe en una caja el “abono” de este.
Es verdad que la diferencia no se encuentra en sentirse optimista o pesimista, sino en el control sobre la situación que pueda tener la persona. Quien advierta que la contrariedad que se presenta puede convertirse en una oportunidad de crecimiento y expansión habrá de convivir con la problemática de manera más sana y enriquecedora, previniéndose en la búsqueda y encuentro de posibles soluciones; ya que el problema si bien afecta al individuo, no lo controla. Quien pierde el control y se lo otorga a la situación, mirará con desesperación como se convierte en un ser totalmente vulnerable a merced de una serie de acontecimientos que atacan y destrozan su propia vida sin poder hacer nada al respecto. Y lo que es peor, perderá de vista aquellas oportunidades de saneamiento que pudieran ir presentándose en el camino.
No se trata de evadir la crisis, ni de evitarla si es inevitable. Tampoco es posible negarla con fundamentos optimistas y fantasiosos que en nada ayudan pues tarde o temprano quien sufre la problemática habrá de desafiarla. Antes bien, es menester que quien se enfrenta a la resolución de un conflicto de vida se prepare como en todas las luchas, reforzándose ante el rival. Permitiéndose saber cuáles son esos puntos de fortaleza que le animarán a hacerse con la victoria. Y reconociendo sobre todo que a pesar de la contrariedad siempre existen recursos no contemplados que permitirán ir sorteando el apuro de forma por demás insospechada.
Un cambio de actitud no tiene que ver con esfuerzos descomunales y agotadores, no es algo tan difícil de realizar si se tiene constancia y voluntad. Se comienza con poco, y ese poco como la bola de nieve va dando lugar a un crecimiento mayor. Mi ejemplo favorito tiene que ver con la percepción del clima, un día lluvioso puede ser molesto por habernos fastidiado los planes o hacernos incomodo el desplazamiento, o puede ser romántico y divertido. En el primer caso, nos sentimos a merced de los elementos, en el segundo caso, somos nosotros quienes decidimos aprovechar lo que sucede y utilizarlo a nuestro favor. En la economía familiar sucede lo mismo. Es probable que la compra de ropa nueva o de marca se vea afectada, pero ¿Quién dijo que no se puede ir marcando tendencia e innovar con lo que ya tenemos en casa? Todo es cuestión de imaginación.
Darse la vuelta porque no hay dinero significa dejar de mirar en la única dirección en que se miraba y buscar un nuevo paisaje en donde la falta de liquidez no sea el impedimento para seguir hacia adelante.