La vida, muchas veces, en lugar de ser un agradable paseo, se convierte en una carrera de resistencia.
Y es que en muchas ocasiones, debido a circunstancias diversas, muchas veces dolorosas y otras, a veces, llenas de alegría. Nos vemos obligados a ir viviendo cada momento tratando de pasarlo de la mejor manera posible, improvisando, las más de las veces y sacando fuerzas y motivación cuando parece que ya todo está agotado.
Resistir implica seguir andando sin desfallecer, pero también ofrece como promesa implícita la llegada que anticipa ese encuentro ante el cual se comenzó la carrera. No se resiste solo por resistir. Quien pasa por terrenos difíciles, sale adelante con la promesa de que al final ha de encontrar el motivo de su marcha. Aquello que le da sentido, que le significa.
Numerosos ejemplos nos hemos encontrado de carreras de resistencia, la madre que espera el nacimiento de su bebe, pasando de largo malestar y achaques. El estudiante que habiéndose fijado una meta dedica horas y sacrifica tiempo de amigos y tiempo de diversión en pos de su sueño. El jornalero que aumento horas de trabajo buscando una mejor calidad de vida para su familia. O el adicto al alcohol que comienza cada día su propia carrera apoyándose en la frase “solo por hoy”. Todos hemos de vivir en mayor o menor medida nuestra propia carrera de resistencia.
Muchas veces no se elige comenzar una carrera de resistencia, la vida de repente pone ante cada quien la inexorable disyuntiva de comenzar…o comenzar. No hay más opción que avanzar, aún cuando quien ha de seguir adelante por destino y no por elección, se resista al cambio impuesto.
Tal es el caso de una pérdida repentina, cuando el corazón se encoge ante el incierto panorama de la desoladora soledad, en que habremos de seguirnos sosteniendo, así, solos y a nosotros mismos, sin el apoyo que hasta entonces nos habría brindado quien se marcho, o los bienes que perdimos. Perder implica rendirse ante la evidente realidad de que aquello no ha de formar más parte de nuestro entorno. Es entonces cuando la carrera de resistencia ha de comenzar, adecuándose a las nuevas condiciones del camino, dosificando la marcha para llegar a meta lo menos cansados y doloridos posible. En este caso, quien se adentra a la marcha ha de encontrar el motivo para continuar. Los hay nobles y abnegados, como la madre que habiéndose quedado sin pareja saca adelante a sus hijos, o el padre que ante el cese de su trabajo sigue buscando nuevas fuentes de ingresos para cuidar de los suyos. Existe también el ejemplo que quién ante la pérdida irremediable busca su motivación apoyando a otros que viven el trance. Existen motivos que surgen del orgullo y de la dignidad. Existen también aquellos que alimentan la carrera recreándose en la venganza y el dolor que habrán de infligir. Motivos oscuros y egoístas que endurecen el alma de quien los vive, y hacen más pesada la marcha, motivos, que al contrario que los que se alimentan de buenos deseos, no otorgan la paz y la recompensa a quien termina la resistencia. El descanso no se produce, porque las piedras del odio y del rencor siguen manteniendo una resistencia artificial, como piedras que cuelgan de pecho y espalda.
A veces la vida invita a pasear, y es maravilloso. Sin embargo muchas veces sin aviso, comienza el reto por la carrera. Evitarla no es opcional, pero si se puede buscar la motivación que nos anime a continuarla. Eso depende de cada quien.
domingo, agosto 16
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Hola Myrna Mónica, soy amiga de Claudinetn. Ella me remitió a tu blog y es una pasada.
ResponderEliminarÉste último post, es real como la vida misma.
Yo tambien tengo un blog aqui: http://sismar.blogspot.com. Te invito a echarle un ojo.
Un abrazo,
Lorena