lunes, septiembre 14

Re-conocimientos

Ya hay confirmación científica de la existencia de muchos más planetas con condiciones similares a la tierra dentro de la Vía Láctea. Los científicos no lo dicen, pero el sentido común nos lleva a la conclusión de que si hay condiciones para la vida, los planetas han de tener vida.

Y pensando mucho sobre ese supuesto, imagino que aun habiendo condiciones similares, la vida no ha de manifestarse en igual forma que la terrícola, supongo que ha de resultar como los idiomas, todos tenemos la misma capacidad de reproducir sonidos, fisiológicamente somos iguales, y el sonido se transmite de la misma manera, sin embargo cada comunidad desarrolló una lengua diferente, con sonidos totalmente disímiles. Así imagino la vida extraterrestre, con condiciones similares pero con patrones de evolución que difieren de los nuestros.

Ocurre que estamos tratando de conocer habitantes del espacio, cuando aun no hemos terminado de saber quien somos. Ni quien es nuestro vecino de al lado.

Estoy segura que si tratáramos de explicarnos a nosotros mismos habríamos de dar comienzo por el nombre que se nos asigno al nacer, con apellido incluido, alguno más avispado y orgulloso de su devenir antepondrá su titulo o condición. Pero eso no dice nada a quien no se encuentre inmerso en el contexto. Un apellido rimbombante en una comunidad resulta insignificante en otra. Hablar de profesión resulta igual de ineficaz, pues únicamente hace referencia al modo de vida pero no a la persona en si. Tal vez mencionar valores, virtudes y defectos acerque en cierto modo a la comprensión sobre nosotros mismos por parte del interlocutor, sin embargo no aportan más que datos sobre cada quien, pero no son nada si no los reconoce el otro.

Y es que ocurre un fenómeno muy interesante, nosotros somos, en tanto nos enfrentamos al otro. Es el otro quien nos define a partir de los datos que le entregamos de nosotros mismos. Nos convertimos en mujer cuando existe el hombre, nos convertimos en buenos en contraposición del malo, y somos pequeños cuando existe el grande, adultos cuando existen los niños, y valientes cuando aparece el cobarde. Es el otro quien nos otorga identidad, quien nos reconoce. Y esa lucha por el eterno reconocimiento es la que al final forma uno de los motivos mas importantes de cada quien.

El infante busca que su madre lo mire, y por igual se portara bien o mal, si el resultado es la mirada o el contacto con la madre. Por reconocimiento nos esforzamos en una carrera, y por reconocimiento dedicamos nuestro tiempo a una buena causa. Por reconocimiento el ladrón deja pistas inconscientes que a la larga le llevan a ser descubierto. Muchas veces la búsqueda de reconocimiento se realiza de manera destructiva, y muchas mas, afortunadamente se trata de una cruzada positiva.

Tal vez, el ser humano de nuestros días, no deba enfrentar la situación de explicarse a si mismo ante un ser venido de otro mundo, sin embargo, eso no le exime de hacerlo ante sus semejantes. Ser reconocido en esencia se convierte en el motor cotidiano.

Y si es tan importante para todos, ¿Por qué no comenzar reconociendo a los que más lo necesitan y menos reconocimiento ofrecemos? Una mirada cariñosa a quien nos pide monedas en la calle, un buenos días al guardia del banco, una palmada al empleado, un sincero abrazo al cónyuge, una atención total al hijo. Una sonrisa al vecino con quien nos cruzamos en calle, no importa que no sea lo habitual, al fin de cuentas, nosotros como todos los demás, vivimos en la misma comunidad. ¿O estamos esperando una invasión extraterrestre para percatarnos definitivamente que aquí en la tierra todos somos uno y estamos hermanados?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por dejar aqui tu opinión, comentario o duda.