miércoles, agosto 19

Cambio de rumbo

Lo bonito de la vida son los obligados cambios de rumbo. Sé que al hacer esta declaración sin anestesia y sin un agua va que prevenga, desconcertara al más optimista de los lectores. Pues muchos cambios de rumbo se ciernen en situaciones accidentadas, y muchas veces dolorosas. Y sin embargo sigo sosteniendo que lo bonito de estar vivo tiene que ver con los cambios de rumbo a los que la vida nos exige sin contemplación alguna, y sin aviso previo.
Y es que al cambiar de rumbo el viajante se ha de volver a hacer a la nueva situación, nuevas fuerzas y motivos, desconocidos con anterioridad, aparecen para ajustarse a la nueva marcha. Surgen pautas y personas, tal vez nuevos paisajes, pero lo más importante es la fortaleza de espíritu que se va desplegando ante la mirada incrédula de propios y extraños, sobre todo ante quien se ve inmerso en la vorágine del nuevo supuesto.
Vivir es cambiar de rumbo, es ir cambiando de paisaje, de recorrido, es inesperadamente elegir ante una bifurcación surgida de la nada, pero precisa en su condición de elegir. Es abandonar el camino conocido y seguro porque nos hemos dado cuenta que no lleva a la meta que el corazón persigue. Es incluso hacer oídos sordos al corazón y dejarse llevar por el razonamiento lógico y coherente del discernimiento. Cada quien va eligiendo camino y los motivos que son suficientes para cada uno suelen ser incomprensibles para los demás. No es posible vivir andando por un único camino con una meta desde antaño elegida y segura, pues el devenir vital obliga a quien en él se encuentra, a andar y desandar, a retomar camino, a elegir entre cómodas autopistas y abandonarlas por caminos secundarios, para encontrar de vez en cuando solitarios pasajes de tierra y piedras, áridos paisajes que prometieran en su desolación una mentira que no se cumple en la mayoría de las ocasiones. Muchas veces después de su recorrido, se vuelve a enlazar con la autopista.
Cambiar de rumbo es el evento obligado de quien vive, de quien ama, de quien se aferra pues aferrarse es exponerse a quedarse sin nada, como quien busca atrapar entre los dedos la mayor cantidad de granos de arena. No es posible dejar de andar, ni dejar de cambiar, ni dejar de dejar.
Y si cambiar de rumbo es inevitable, y si forma parte del devenir de cada quien, no puede haber sino una buena noticia a la vuelta de cada cambio, resulta como el vaso de agua medio lleno, habrá quien lo mire como una catástrofe, yo prefiero mirarlo como una oportunidad. Un nuevo periodo de renovación y comunión con lo inevitable, un reencuentro con mis posibilidades, una nueva encrucijada que me permita saberme capaz de salir adelante, con nuevos retos por superar, incluso el reto de salir adelante sin nada ni nadie. La superación del espíritu, la lucha del no poder con el saberse capaz, seguir midiendo posibilidades, y sobre todo, me entraña el seguir dejando que la vida me sorprenda, que continúe gozándola con esa mirada de asombro y la sonrisa desdentada y manchada de chocolate que tuve de niña. No todo lo malo es tan malo, ni todo lo bueno resulta mal. Yo prefiero pensar que al final del camino, en la recapitulación concluyente, sólo pueda exclamar con sincero asombro ¡¡¡Vaya viaje!!

martes, agosto 18

De nostálgicos procederes

La nostalgia es algo que se me antoja irremediable ya desde la misma palabra.
No tiene remedio, pues es inevitable, no es posible evadirla, o ignorarla, termina apareciendo como reclamando su derecho a interrumpir la vida solo por el hecho de ser portadora de recuerdos y sentimientos de antaño. Como si sintiéndose dueña y señora de nuestro pasado, acudiera presta y rezongona a mostrarnos al hijo cuya paternidad nos hemos negado a reconocer.
Casi siempre la nostalgia duele. No pasa de largo, como debiera de ser en una señorita bien educada. Se va metiendo por todos los poros de la piel y aguza con punzadas de dolor continuo sin hacer más daño que el propio sufrimiento que produce el buscar sin encontrar ese pasado que dejo de ser, por dar paso al presente.
Por buscar irremediablemente el rostro querido, la textura amada de la piel, el olor olvidado en aquellos seres que ya no están, que se perdieron en la distancia o que al amparo de la sombra del tiempo y las ocupaciones cotidianas, dejaron de estar presentes.
La nostalgia es el alma del pasado que nos envuelve con su bruma apenas perceptible, no es dolor tan agudo que haga daño permanente, pero si es dolor continuo que muchas veces se transforma en crónico llegando a impedir que quien la vive en carne propia se sienta incapaz de ver más allá que su propio sufrir nostálgico. Como si la representación del propio dolor fuera suficiente para llenar una vida de continuo vacía sin el pasado. La paradoja se encuentra en que la nostalgia que duele se remonta a tiempos y situaciones cargados de emoción y alegría, de tiempos mejores. La alegría de antaño madura en dolor de presente.
Pero hay nostalgias alegres, risueñas, nostalgias niñas de proceder ingenuo y distraído que vuelven a nuestra vida trayendo juegos y ronroneos infantiles o juveniles, fieles retratos de épocas desentendidas y felices. Nostalgias que entran por retazos al quehacer cotidiano. Y muy de tarde en tarde se dedican de una manera desprendida sin más intención que colmar los días de abandono radiante. La clave es dejar escuchar su risa que se desprende a sorbitos de sonido y gozo burbujeante, como copa de champan en medio de la bulliciosa fiesta. La clave es deleitarse en el recuerdo profundo y recién llegado, vivirlo intensamente como suspiro enamorado y dejarlo partir. Sin intentar siquiera el lazo que ata para el disfrute segundo, porque el dolor del encadenamiento mata el gozo de la nostalgia.
No es menester huir de la nostalgia, pues nos encontraríamos en el huida elaborada e ineficaz, pues de la nostalgia no se huye sin evasión ni ignorancia, y aun con ellas, de la nostalgia no se huye; pues viaja con nosotros como el pasajero inevitable en el tren de cada vida. Y aparece de siempre, siendo amiga de hablar elocuente y calladito.
Es mejor la amistad con el tiempo pasado, la extracción oportuna de la lección que alivia la nostalgia, el discernimiento del tiempo ya ido, la reconciliación que lo que fue y dio paso a lo que está llegando.
Es mejor vivir con la conciencia de que la nostalgia nos devuelve el vivir ya vivido, y nos remite de nuevo a lo que fue como si fuera posible volver a él. Es mejor saber que el presente se ha de convertir irremediablemente como siempre ha sido, en el futuro tiempo de dolor nostálgico. Antes de anclarnos en lo que fue, es mejor que vivamos en lo que vamos siendo.

lunes, agosto 17

Cerebro de madre

Hace tiempo escuche algo precioso, se presentó en una cadena de televisión madrileña un coloquio donde diversos especialistas hacían referencia a la interacción que existe entre las células de la madre y las de niño por nacer. Es de todos bien sabido que el nonato se alimenta de la madre y que la madre sufre cambios corporales para facilitar la existencia del futuro bebé. Sin embargo en este coloquio se demostró que la interacción madre e hijo va mucho más allá de hechos tan conocidos.

Una de las participantes, especialista en bioquímica, expresó que el cerebro de la madre sufre modificaciones sustanciales, de tal manera, aseguraba, ella era capaz de advertir, examinando la masa cerebral, quién ha pasado ya por la experiencia de la maternidad. Y es que en esto de ser madre hay algo que nuestras abuelas ya conocían de antaño, y le llamaron el instinto materno, ese que se despierta cuando una mujer da a luz. Resulta que en ese despertar, se producen cambios bioquímicos propiciados por las hormonas implicadas en el embarazo, y estos cambios van a dar lugar a nuevos patrones de conducta por parte de la mamá, como esa atención especializada a los sonidos que únicamente tienen que ver con el bebé, el conocimiento acertado del motivo del llanto del hijo, e identificar a partir de estímulos apenas perceptibles para los demás, las emociones que aquejan a su retoño. Y hay algo más, según los participantes del coloquio, en el cerebro materno se desarrolla lo que ellos dieron en llamar “Ausencia de juicio negativo”. Esta claro que con respecto al hijo. ¿Esto qué significa? Pues que para una madre no hay hijo feo, y por naturaleza, ahora ya vemos que bioquímica, la madre siempre terminará por encontrar aquellos puntos que favorecen al hijo, dejando de lado aquello que no sea tan favorecedor, o le perjudique.

La buena noticia es que este cerebro de madre también ocurre en los padres. Sin embargo no se da de manera tan sistemática como en la madre. Para que en el padre se desarrolle esta sensibilidad especial es necesario que el varón se encuentre a cargo del pequeño infante. Eventos tales como baño diario, cambio de pañales, acunarlo, calmarlo mientras llora, etc. Van propiciando que en el papá se genere la misma hormona que interviene en el cerebro de la mamá, de tal suerte que el padre vive, condicionado siempre a una fuerte interacción con el recién nacido, la misma transformación bioquímica que su pareja, y al igual que en ella, se fomenta un cambio profundo en la estructura cerebral.

Es decir, que una vez que se es padre o madre, se es para toda la vida, y el cerebro lo confirma.

domingo, agosto 16

Carrera de resistencia

La vida, muchas veces, en lugar de ser un agradable paseo, se convierte en una carrera de resistencia.
Y es que en muchas ocasiones, debido a circunstancias diversas, muchas veces dolorosas y otras, a veces, llenas de alegría. Nos vemos obligados a ir viviendo cada momento tratando de pasarlo de la mejor manera posible, improvisando, las más de las veces y sacando fuerzas y motivación cuando parece que ya todo está agotado.
Resistir implica seguir andando sin desfallecer, pero también ofrece como promesa implícita la llegada que anticipa ese encuentro ante el cual se comenzó la carrera. No se resiste solo por resistir. Quien pasa por terrenos difíciles, sale adelante con la promesa de que al final ha de encontrar el motivo de su marcha. Aquello que le da sentido, que le significa.
Numerosos ejemplos nos hemos encontrado de carreras de resistencia, la madre que espera el nacimiento de su bebe, pasando de largo malestar y achaques. El estudiante que habiéndose fijado una meta dedica horas y sacrifica tiempo de amigos y tiempo de diversión en pos de su sueño. El jornalero que aumento horas de trabajo buscando una mejor calidad de vida para su familia. O el adicto al alcohol que comienza cada día su propia carrera apoyándose en la frase “solo por hoy”. Todos hemos de vivir en mayor o menor medida nuestra propia carrera de resistencia.
Muchas veces no se elige comenzar una carrera de resistencia, la vida de repente pone ante cada quien la inexorable disyuntiva de comenzar…o comenzar. No hay más opción que avanzar, aún cuando quien ha de seguir adelante por destino y no por elección, se resista al cambio impuesto.
Tal es el caso de una pérdida repentina, cuando el corazón se encoge ante el incierto panorama de la desoladora soledad, en que habremos de seguirnos sosteniendo, así, solos y a nosotros mismos, sin el apoyo que hasta entonces nos habría brindado quien se marcho, o los bienes que perdimos. Perder implica rendirse ante la evidente realidad de que aquello no ha de formar más parte de nuestro entorno. Es entonces cuando la carrera de resistencia ha de comenzar, adecuándose a las nuevas condiciones del camino, dosificando la marcha para llegar a meta lo menos cansados y doloridos posible. En este caso, quien se adentra a la marcha ha de encontrar el motivo para continuar. Los hay nobles y abnegados, como la madre que habiéndose quedado sin pareja saca adelante a sus hijos, o el padre que ante el cese de su trabajo sigue buscando nuevas fuentes de ingresos para cuidar de los suyos. Existe también el ejemplo que quién ante la pérdida irremediable busca su motivación apoyando a otros que viven el trance. Existen motivos que surgen del orgullo y de la dignidad. Existen también aquellos que alimentan la carrera recreándose en la venganza y el dolor que habrán de infligir. Motivos oscuros y egoístas que endurecen el alma de quien los vive, y hacen más pesada la marcha, motivos, que al contrario que los que se alimentan de buenos deseos, no otorgan la paz y la recompensa a quien termina la resistencia. El descanso no se produce, porque las piedras del odio y del rencor siguen manteniendo una resistencia artificial, como piedras que cuelgan de pecho y espalda.
A veces la vida invita a pasear, y es maravilloso. Sin embargo muchas veces sin aviso, comienza el reto por la carrera. Evitarla no es opcional, pero si se puede buscar la motivación que nos anime a continuarla. Eso depende de cada quien.

viernes, agosto 14

De vacaciones en los recuerdos

Me gustaría que la humanidad inventara una máquina del tiempo.

Se que es imposible, pues como alguna vez se ha dicho, de haberse inventado en el futuro, ya habría visitantes de esa época compartiendo entre nosotros. Supongo que al ritmo en que vamos acabando con ríos, mares y ecosistemas los futuros pobladores de esta malograda tierra habrían venido a decirnos que no les sigamos amolando la futura existencia.

Pero aún así me gustaría que la inventaran. Lo más probable es que la utilizaría para las vacaciones.

Como las buenas películas, o las canciones favoritas, con la maquina de desplazo en el tiempo, habríamos de volver al lugar elegido con la certeza de que es bueno y que las condiciones son inmejorables. A la luz de tanto tiempo elegido, lo más seguro que las aglomeraciones de turistas deseosos de disfrutar unos breves días de descanso en el mismo lugar, irían a menos. Pues además contaríamos con las variables de los muchos años por elegir. Eso sin mencionar de que al saber con antelación las situaciones que habrían de presentarse al turista de desplazo temporal, evitaría lluvias torrenciales, terremotos, o situaciones que por incomodas o peligrosas aguaran la fiesta vacacional.

Me encantaría encontrarme con viejos amigos, con parientes ya fallecidos, invitados de nueva cuenta como en los sueños, a compartir un rato de vivencia nueva por lo que concierne al momento en que se desea, pero rememorada por el momento en que se lleva a cabo.

Se que mi deseo de la maquina del tiempo adolece de bastantes incoherencias que habría que subsanar, ¿Cómo aparecer en vacaciones de la infancia con cuerpo de feliz señora? Y en el supuesto de llevar a mi familia a compartir recuerdo ¿Dónde he de colocar aquellos que no han de aparecer sino mucho tiempo después? ¿Cómo explico a mi padre de adolescencia que me presente con marido e hijos? Me imagino el disgusto y la incongruencia, mi padre seguro habría de vivir con susto permanente las consecuencias de la visita anticipada de la imprevisible generación posterior. Como si se le presentaran los fantasmas o extraterrestres.

Llego a la conclusión de que si bien no existen máquinas del tiempo que nos trasladen a sitios añorados e imposibles por lejanos en la cronología temporal, nacimos con el recurso del recuerdo, de la evocación inmediata, del vivir de nuevo en espontáneos deja vu’s que nos trasladan de inmediato a familiares situaciones inesperadas. Y más que Acapulco en la azotea, nos queda el recurso del Acapulco inmediato, aun en la fila del banco. Vacaciones de la abstracción, del recuerdo infantil y juvenil, de la reunión inmediata con la gente querida, lejana o ya desaparecida.

Este año de crisis, pienso en trasladar mi maquina del tiempo a la hamaca de casa. Cerrar los ojos y evocar. Trasladarme en recuerdo, aderezado con imaginación, a las vacaciones de siempre, con los amigos de toda la vida. Recrearme con escenas de infancia, permitiendo que en el esfuerzo de evocación vayan surgiendo escenas que ya olvidadas se animen a mostrarse de nuevo.

No es mala idea lo de la maquina del tiempo de fabricación casera. Lo malo es que corre el riesgo de que llegue el cartero cargado de facturas y de al traste con la diversión.

A veces las primeras

Las primeras veces suelen ser muy especiales. Regadas de ese pensamiento que nos inventamos con retazos de acontecimientos pasados, nos enfrentamos a lo que está llegando cargados de ansiedad y esperanza. Buena combinación si se toma en cuenta, que si dejamos la esperanza sin ansiedad, nos estaremos evitando vivir el metafóricamente emocionante revoloteo irreverente de las mariposas que aparecen en el estomago.
Cada día puede ser una primera vez.
Y nos acostumbramos tanto a vivir una y otra vez las primeras veces, que llegan a pasar desapercibidas, a menos que logren ser grandes de tan evidentes y se encuentren cargadas de ansiedad de tan grandes y comprometedoras.
Hay primeras veces que aparecen en nuestra vida de una manera calladita y tímida, no ofrecen vez ni paso a la oportunidad de abrir los ojos y encontrarnos con ella de manera contundente. Como la primera vez del nuevo amigo, en que le miramos su sonrisa sincera ofreciendo de un solo destello, así como anuncio de pasta dental, toda su verdad. Recibimos su mirar sincero y apretamos la mano cálida, pero no somos conscientes de la trascendencia de esa vez primera hasta que pasado un tiempo, durante el instante del recuento y la reflexión caemos gozosos en la certeza de habernos encontrado en aquel momento con quien ya se convirtió compañero importante del camino de la vida.
Hay primeras veces amargas y dolorosas, que quedan grabadas en el alma como hierro ardiente que deja su marca permanente. Veces que obligan al cambio y a la renuncia. Primeras veces que se originan en la pérdida, en el comienzo de la ausencia continua. No hay mariposas, pues el dolor del corazón es tan grande que todo lo demás permanece, en señal de duelo, respetuosamente sumido en su propia mudez.
Hay primeras veces sencillitas y de tan sencillas cotidianas, pero en el andar constante de este primer riego de veces continuas, vamos creciendo y floreciendo sin apenas notar que, de veces primeras, hemos sido. Veces como la primera que abrimos la mano para encontrar la mano de nuestra madre, veces que movimos las piernas en un prematuro avance a los primeros pasos, veces que balbuceamos sonidos parecidos a los de nuestros padres y aprendimos a articular palabras que nos llevaron a salir de nosotros y mostrar nuestro mundo interior a los demás.
Primeras veces que quedan grabadas a fuego y veces que se firman en arena. Veces del primer beso, del contacto tierno con otro cuerpo. Veces en las que olemos el aroma del agua que impregnada del olor de las plantas de la campiña se convierten en la sublime obsesión por el reencuentro con el tiempo y personajes de antaño.
Primeras veces de alegría, primeras veces de asombro, primeras de dolor.
Nunca dejamos de vivir una primera vez, el desafío es aprender a darnos cuenta.

jueves, agosto 13

Objetivos Específicos

Recuerdo cuando estudiante, como me complicaba la petición expresa del profesor que me solicitaba que planteara objetivos específicos. La palabra específico me molestaba al grado de negarme a especificar nada. Me parecía que mientras mas ambiguo el objetivo menos problemas habría de acarrearme, pues a mi juicio, era insensato establecer un compromiso rígido al ser tan explicito. Era mejor ser ambiguo, y de tan ambigua, flexible..

La vida, como ocurre siempre, ha terminado por mostrarme la conveniencia de cambiar muchas de mis convicciones juveniles.

Muchas veces, casi siempre, vamos por la vida sin ser específicos en nada, sin planes ni objetivos especialmente diseñados para el logro que buscamos. Nos dejamos ir detrás de objetivos inciertos, espejismos la mas de las veces. Dejándonos deslumbrar por todo sin fijar la vista en nada en particular, sin mirar la meta, porque al iniciar el viaje se nos olvido trazar rumbo.

A veces es bonito marchar así, sin dirección ni propósito, pero eso vale de vez en cuando, como el viajero que llega a la ciudad desconocida y en una arriesgada determinación se aventura a lo que no ha visto y termina por sorprenderle. Vivir la vida de esta manera implica dejar de tener el control sobre nosotros mismos y nuestro destino, dejando en manos de todo y todos, nuestro propio proceder. Vivir así, es negar el derecho a decidir si queremos llegar o detenernos, cambiar de rumbo o disfrutar el sendero.

Plantear objetivos específicos es puntualizar, no cada paso, pero si establecer prioridades. Es saber a que se da más peso y que ha de ser considerado como circunstancia o eventualidad. Qué, sobre todo, vale para atesorar con el corazón. Es saber cuando el camino ha tocado meta, y en que momento ha de replantearse el nuevo propósito. Y esto se plantea cuando se ha llegado a término, o cuando nos damos cuenta de lo infructuoso de la empresa acometida. Dos razones válidas por igual, no se puede hablar de fracaso cuando se vislumbra la esterilidad del terreno de siembra, aun cuando ya se hayan sembrado las semillas.

Dicen que una meta bien establecida ya es lograda la mitad.

Ir marcando objetivos y cumplirlos se convierte en el faro que indica el camino conveniente, que ofrece la seguridad de que quien lo recorre no solo sabe por donde va, y con ello se evita rodeos y gastos innecesarios, sino que al conocer destino sabrá con absoluta certeza, cuando al andariego, por fin, le ha tocado llegar.

miércoles, agosto 12

De mentiras y mentirosos

Las Mentiras son espantosas.

No sólo por lo que implican, que ya de por si es desagradable. Pues tiene que ver con perdida de confianza y credibilidad. Sino que al ser mentira, carece del cimiento duro y consistente que otorga la verdad y tarde o temprano termina por desmoronarse, como la casa de paja construida por el primero de los cerditos del cuento. En este caso, la verdad actúa como el soplido del lobo. Y tampoco hace falta mucho, muchas veces al primer intento, todo se derrumba.

Ni siquiera las mentiras piadosas se salvan de esta frágil cimiente. Pues el mentiroso por piedad, al ser descubierto se convierte en mentiroso sin más. Y su credibilidad disminuye de manera considerable. Yo no creo en las mentiras piadosas. Aunque hay modos y mas modos de disfrazar la verdad.

Pero mentir aunque sea por piedad es mentir.

Cualquiera que haya vivido el engaño de alguien significativo vive el tremendo dolor de la trampa. Y sin embargo cada vez nos damos con más alegría y despreocupación al arte de ocultar la verdad.

Mentimos cuando mostramos al mundo lo que no somos, y lo que no hemos sido, mentimos para justificar retrasos, abandonos, olvidos, carencias, o por no saber, por encontrar otra salida, más rápida y menos comprometida. Mentimos cuando la situación por incomoda es insostenible, buscamos no hacer daño y en el intento se libra la peor batalla, pues se compromete a uno mismo en la presunta salvación del otro.

Y aunque parezca lo contrario, mentir y conservar la mentira como verdad es mucho más arduo y complicado, que simplemente dedicarse a decir la verdad. Mentir exige el esfuerzo de recordar a cada momento los detalles exactos de lo que se ha dicho para no caer en trampas o contradicciones. Exige que el guión se ajuste fielmente a la presunción de la nueva trama y que todos los personajes estén de acuerdo en seguir al pie de la letra lo pactado, en caso de ser una mentira colectiva. Un paso en falso, un ligero despiste, un dato que no se ha tomado en cuenta, un gesto involuntario dará al traste con todo el esfuerzo invertido. El mentiroso quedará desacreditado por siempre, ya que somos muy dados a recordar lo que ha puesto en peligro la supervivencia.

Una mentira suele traer otra, engarzada detrás, como un tren interminable. Vagón de mentira, tras vagón de mentira, en sucesión permanente, enganchados uno al otro, a veces de tal manera que el mentiroso llega a olvidar cuan largo es su tren. Incluso, lo más triste, es que llegue a pensar que ese tren es tan real, como los que interrumpen el paso del tráfico de carros y peatones en algunas calles y carreteras. No basta con una sola, si la primer mentira dio resultado se optará por muchas más, sin tomar en cuenta las consecuencias. Después vienen las justificaciones.

El único problema es que a diferencia del tejido en donde el entramado es también complicado cuando quien teje lleva ya avanzado un buen tramo. Quien miente, por más que tire del hilo tratando de volver la trama a su estado original, buscando afanosamente reorganizar la bola de hilo para comenzar de nuevo un tejido limpio. No pueda hacer más, que seguir enredando el hilo.

Con alma de niño



Existe al final del paseo Eduardo Chillida, en la ciudad de San Sebastián, al norte de España. Un curioso diseño arquitectónico que permite la entrada del agua que revienta contra lo orilla. Se encuentra configurado de tal manera que si el agua logra la fuerza suficiente se convierte, al pasar por los agujeros apostados en el suelo, en géiseres artificiales.

No siempre ocurre así, cuando el mar esta calmado y el agua entra con poca fuerza, origina un fenómeno que suele fascinar a los niños y pronto descubrí que también a los mayores que concurren con el alma de niño y poco sentido del ridículo: el mar produce un sordo sonido de dragón, y genera una corriente de viento capaz de poner los pelos de punta a quien se atreve a meter la cara por alguno de los agujeros.

Resulta interesante observar a los mayores que habiendo reestimulado su propia infancia, al prestar atención a las risas y el asombro trivial, cómo se acercan a los agujeros con timidez y aparente poco entusiasmo. Se colocan imitando a los niños con la cara dentro del agujero y olvidando por un momento lo que su vida supone entre juegos de adultos y compromisos inagotables, se dejan llevar por el encanto del momento. Resulta maravilloso ser testigo de cómo su cara se transforma tan pronto reciben el sonido sordo y el repentino golpe de aire. Es verdad que no hubo ningún adulto que participara mientras los niños alegres y asombrados se apostaron haciéndose con todos los agujeros disponibles. Las risas pueriles, la cara de sorpresa, el pelo mojado por la brisa que logra colarse, y la paciente espera hasta que la nueva ola rompa. Lo mismo en adultos que en niños, después de la ola no había en ellos ninguna diferencia.

Es una delicia mirar los juegos infantiles, evidente invitación a redescubrir un mundo que no se agota, cómo logran transmutar una placida mañana en el retorno a la niñez, época sin prisas, sin mas obligación que ser feliz disfrutando del momento breve, del encuentro con lo nuevo.

Seguir descubriendo el mundo con alma de niño, equivale a un gozoso viaje lleno de prisa pero sin pausa, y así como niño, constatar que cada minuto es importante y que todos los huecos son interesantes, que vale la pena detener el paso para observar el insecto que afanoso traslada alimento a su nido. Que todas las pelotas que se acercan al pie se convierten en una oportunidad de probar destreza. Que los helados aun siendo del mismo sabor no saben igual y que son más ricos que la verdura. Que las cajas de cartón son un refugio excelente y si son pequeñas se convierten en habilidosos cascos de astronauta. Que los compañeros de juegos son grandes amigos a los cinco minutos y los grandes amigos siempre están ahí para seguir siendo cómplices incondicionales. Que la aventura termina cuando llega la hora del baño y aún este mismo puede seguir siendo una aventura.

Dejamos de ser niños, no cuando nos convertimos en adultos, sino cuando nos olvidamos de seguir descubriendo, cuando dejamos de asombrarnos, cuando damos todo por hecho, cuando el mundo se convierte en predecible y nuestro comportamiento deja de ser espontáneo. Cuando estudiamos y nos aprendemos formas y maneras, pero nos olvidamos de cómo fuimos en la época en que el paso de la hormiga tenía más importancia que todo lo demás y sólo habríamos de abandonarlo para contemplar el cielo, buscando formas a las nubes.

martes, junio 23

Estimado profesor

Esta carta la escribí para hacerla llegar al profesor de mi hija, no la llegue a enviar porque mi adolescente decidio, ella misma, enfrentar los hechos y luchar por su derecho al trato respetuoso y digno. Pero no me quedo con las manos vacias de dialogo y la carta sin destinatario. La hago publica con la esperanza de que ningun otro profesor que la lea se sienta identificado con ella, sería muy lamentable, terriblemente lamentable.


Estimado Profesor *****:


Pertenezco a la generación de madres que aun considera que la comunicación con los hijos es primordial. Es verdad que según va pasando el tiempo hemos de elegir entre permitir que guarden secretos y descubran la vida por si mismos, o seguir indagando en los ojos de nuestros hijos cuando estos se llenan de lagrimas al preguntarle como le ha ido el día.

Hoy supe por mi hija, que el día no ha sido tan bueno. Por ella me enteré que se equivocó al hacer un comentario que ha estado fuera de lugar. Le he dicho que la vida es una gran maestra, le ira mostrando cuales son sus límites en cuanto a bromas, ha de ir aprendiendo que existen personas que reciben las bromas de forma muy diferente a como ella lo espera, y que existen situaciones que no permiten comentarios graciosos o fuera de lugar.

Sin embargo me he sentido muy dolida al escuchar la forma en que ha sido descalificada llamándola borde o poco digna de confianza. Se sintió discriminada, y me doy cuenta que con justa razón. Es cierto que es emigrante, pero retornada a su país. Ella nació en España, su padre y su hermano son españoles, yo soy la única mexicana en la familia. Hemos vuelto con la ilusión de que ellos conozcan su cultura, aprendan a amar a su patria y adquieran sus valores, se que no me equivoque, porque afortunadamente usted ha sido el único caso, desde nuestra vuelta a España, que ha pretendido suponer que tal vez mi niña pueda tener un lío con la policía a causa de los papeles.

Desde el comienzo de mi labor como madre he evitado poner etiquetas a los niños, me parece que otorgar una etiqueta es uno de los actos más humillantes que otro ser humano, con autoridad, puede infligir a un chico. Pero existen otras formas sutiles de humillar, como leer el examen frente a todos y recalcar los fallos.

Imagino que pedirle que por favor la ayude está de más. Mi hija se ha estado enfrentando este año a una de las pruebas mas dura de su vida, y la ha estado superando con éxito, asombrosamente, a pesar de profesores que puedan malinterpretar su forma de ser. El cambio de país, de forma de educar, de cultura, el haber abandonado a sus amigos, y familia mexicana le ha supuesto un gran estrés.

Considero que quienes nos dedicamos a educar, ya sea como padres o profesores hemos de cuidar la manera en que nos dirigimos a ellos. Ya no solo por el respeto que merece la otra persona, sino por lo que el cargo con autoridad representa, un compromiso con el futuro, es verdad, pero también un compromiso con los padres y la sociedad, pues el ser nombrado profesor implica que quien ostenta el puesto se hace con nuestros hijos, aceptando libremente la responsabilidad asumida.

Quiero pensar que no ha sido su intención crear esta confusión , en hacerla sentir humillada y poco digna de confianza, en evidenciarla ante la clase. Quiero pensar que como profesor que es, siente el compromiso y la responsabilidad que implica el trabajo con los educandos. Que se esfuerza por enseñarles algo más que lengua y que considera que el ejemplo coherente educa, mucho más que el discurso.

Es verdad que se ha calificado a la docencia como una de las profesiones más difíciles de llevar a cabo. Sin embargo, cambiando perspectiva, la oferta que hace la vida para cuidar de futuros ciudadanos, estableciendo valores, cimentando futuro, es un cargo que implica se le coja con el valor y el amor de tomarlo en serio.

Quedo de Usted atentamente

Yo, como madre preocupada

sábado, junio 13

Noticieros aburridos

Hoy salió el sol. De nuevo como todos los días. El cielo otra vez se coronó de tímidas nubes que avanzaron con paso lento perezosamente arrastradas por el viento. Al salir de casa percibí la brisa irreverente que bordeo mi rostro.

La ciudad no ha cambiado, los coches se afanan entre el trafico, la gente transita corriendo para no perder el tiempo, los niños trasladan su futuro en la espalda, y las amas de casa salen temprano rumbo al mercado para tener tiempo de volver a tener tiempo.

Jamás he visto en algún noticiero que nos digan que todo sigue igual, que los dias se suceden en la rutina y que nuestro mundo inmediato, cotidiano, predecible y anónimo no se encuentra amenazado. Esas no son noticias. Las noticias han de ser sobrecogedoras, inauditas, inverosímiles, fantásticas a veces. Las noticias han de hablar de situaciones que puedan poner en peligro la supervivencia, y de situaciones en donde otros no han podido volver a disfrutar el sol, ni sentir el viento.

Muchas veces, al mirar el noticiero veo con tristeza a quien ya se convirtió en cadáver. Contemplo su ropa, y sus zapatos y pienso como en esa mañana no pensó que los calzaba por última vez. Pero la noticia no es esa, los detalles cotidianos, como elegir calzado no causan asombro ni aumentan audiencia, no son capaces de vender más prensa. Los detalles de cada día, por ciertos e infalibles, hasta que terminan, dejan de ser anécdota noticiosa.

Y mirando bien, el día que deje de salir el sol, cuando la luna se encuentre en permanente oscuridad sin el reflejo de la luz solar. Ese día con seguridad habrá de producirse la última y devastadora noticia. Es verdad que echamos en falta lo que deja de existir cuando su inexistencia es tan evidente.

martes, junio 9

Jesús Garriga

A Jesús Garriga lo conocí un doce de diciembre, trepado en una silla y alebrestando a una de por si ya enfurecida y cansada horda de turistas secuestrados en la sala de espera del aeropuerto de Toluca, que reclamábamos por un vuelo abortado debido a quiebra de la empresa.

Se que su intervención nos salvo de regresar a nuestras casas y hoteles con la frustración de un viaje no realizado. El tenía que llegar a tiempo para un concierto, supongo que de no ser por la premura del compromiso se habría quedado de buena gana a seguir disfrutando de tierras mexicanas.

La vida es así, exacta y completa, cuando lo vi sentado al mi lado, listo para compartir un vuelo de doce horas, no pude menos que pensar con susto que me tocaba estar con uno de los locos incitadores.

El loco resulto ser encantador y con una sensibilidad impresionante.

Espero que la vida me siga enviando a hacer viajes atribulados con más locos maravillosos, de esos que no pueden quedarse callados.

Comparto el siguiente enlace para quien quiera conocer su música.


http://www.youtube.com/watch?v=_CaLSWGqDmc

sábado, junio 6

Ecologistas abrumados


Hace un año que mi marido y yo decidimos dar ejemplo coherente a nuestros hijos atrapados en la vorágine del consumismo fácil, por demás atractivo , y la evidente poca preocupación por los males del planeta.

No es labor de comenzar a reorganizar el mundo sin un previo ataque a la conciencia adictiva que hasta hace poco se encontraba aun morando a sus anchas en nuestra propia mente de adulto, por demás también consumista. Decidimos comenzar donde la naturaleza tocaba nuestras vidas, llenas aún del poco compromiso instaurado por la modernidad.

Es decir, decidimos optar por la onda ecologista.

Al hablar de ecología, y compromiso solidario con la naturaleza, lo primero que nos viene a la mente es la palabra reciclaje, se reciclan los botes de leche y los envases de plástico, así mismo reciclamos cartón y novelas baratas, es verdad que también se reciclan los maridos, y los novios, pasando de una amiga a otra, y así como ocurre con los cartones de leche encontramos en el recién reciclado cónyuge nuevas virtudes ahí donde su anterior pareja no las supo encontrar, pero eso ya es otra historia.

Después de un poco de investigación en el infinito acervo de sabiduría virtual llamado Internet, caímos en la cuenta de la imperiosa y por demás innegable necesidad de reaprovechar la impresionante cantidad de desechos que estábamos generando cada día. Lo primero que cruzo por nuestra recién inaugurada conciencia de reciclaje fue producir compost con los desechos de la cocina. Del compost surgió la idea de aprovecharlo todo en un huerto familiar.

Compramos semillas, utensilios, tierra apropiada, un espantapájaros que después fue desplazado por dos CD’S colgantes que a modo de espejo amenazante mantenían a raya a los pájaros que habían encontrado en los hombros del espantapájaros un cómodo mirador que les permitía elegir las mejores semillas del huerto. Y a partir de ahí nos dedicamos a escudriñar durante semanas el momento de aparición de las pequeñas plantas que emergían como promesa, ya no de acabar con el hambre mundial, pero si de proveer de materia prima y libre de productos químicos a las ensaladas y guisos de la familia.

Salieron cinco tomates, dos murieron comidos por los pájaros que lograron burlar la celosa vigilancia de los CD’S que continuaban reflejando la luz solar. Otros dos terminaron podridos por la lluvia temprana. Nuestra cosecha al final nos regalo con un tomate, dos zanahorias minúsculas, por haberlas sacado antes de tiempo, un rabo de cebolla cambray y tres chiles poblanos que no alcanzaron el tamaño definitivo por el comienzo de frío invernal. Sólo nos pudimos comer el tomate.

Este año hemos comenzado temprano, las semillas van emergiendo en su semillero, aprovechamos, como buenos ecologistas, todo el producto orgánico, a condición de que no sea que no sea cárnico ni grasoso, para alimentar a nuestra legión de lombrices californianas que nos entregan a cambio un humus capaz de volver el desierto en paraíso. Los CD’S ya cuelgan, insuperables, sobre el pequeño huerto cubierto de humus que espera listo para recibir los pequeños embriones germinados de la plantas que esperamos harán las delicias de nuestras comidas de verano.

No se si es mas rentable seguir siendo una consumista en época de crisis o hacerse cargo del lujo de tener un huerto familiar, con lombrices incluidas. A estas alturas estoy comenzando a suponer que los hijos han llegado a la conclusión de que ser ecologista es tan caro e inalcanzable como consumir vestidos de diseño.

De esos vestidos en que se invierte mucho tiempo, mucho dinero, y mucha ilusión para una única ocasión de éxtasis.

Así, igual que como nos paso con el tomate.

domingo, mayo 31

Hoy quiero bañarme en el dia que nace...

Empaparme de sol, pero tambien de brisa.
Dejar mis sueños al vuelo, hoy es un buen dia para ventilar las ilusiones, para sacar la esperanza al sol y permitirle tomar el olor que le imprimen los naranjos vestidos de flor.
Hoy es un dia en que el mundo me parece pequeño y el tiempo corto. Que mis planes sobrepasan al horario, y los amigos por vivir son muchos mas que los dedos de la mano.
Hoy que salgo de casa, mi cara va radiante y brilla. No es mucho, pero anoche soñe que vivía y hoy el Buen Dios ha hecho de mi sueño toda esta verdad.

miércoles, mayo 27

Abrazo de oso

Están de moda los abrazos, algunos especialistas han declarado que es necesaria una interesante cantidad de abrazos cada día para alcanzar el nirvana, o sea, la felicidad, pero aquí en la tierra; sin flotar en el espacio etéreo al que se accede después de que la disciplina de la meditación lo proporciona como justa recompensa.
Abrazar es bueno, de eso ya no cabe duda, es importante y nos genera importancia, una persona bien abrazada no solo ofrece una sensación de aprecio por sí misma, sino que quien es destinatario del generoso abrazo se da cuenta que concierne a alguien más. Y sin embargo hay mucha gente que hace mucho tiempo que no recibe el contacto con otro ser humano. Lo más triste es que muchos niños, para quien el contacto es fundamental, viven los días sin recibir el cariñoso acercamiento reparador. Y es que durante la infancia, ser abrazados no es cuestión de recibir cariño. Durante el contacto físico, cariñoso y amable que proporciona el padre al hijo, o alguna figura significativa, nuevos elementos bioquímicos se van produciendo, lo que genera caminos neuronales que preparan al infante en sus relaciones futuras. Un niño que no recibe contacto no podrá aprender a ponerse en lugar del otro, a sentir cariño, o emocionarse ante los sentimientos ajenos. Así de importante es.
Los niños no necesitan más juguetes, ni más estímulos intelectuales, no necesitan sentir que la vida se encuentra organizada para ellos y que no sufrirán como ha sufrido su padre. Dar de todo a un infante supone entregar lo mejor de sí mismo como persona, ser ejemplo coherente. Y preparar para la vida supone más que los mejores colegios permitir que en él se generen herramientas que le permitan convertirse en un ser humano de calidad, no de cantidad. Dar todo al hijo significa estar ahí, ofreciendo más tiempo y menos dinero. Mas abrazos y menos regalos materiales, los caprichos solo son, al fin de cuentas burdos intentos de llenar huecos emocionales.
Dar abrazos, supone abandono y confianza. Las barreras y los limites se confunden entre aquellos que comparten el abrazo, se entrega y se recibe dando calidez y cercanía, es decir cariño, aceptación, y confianza con el cuerpo, cuando las palabras son insuficientes. Dar abrazo es entrega mutua, y así de mutuo es lo que se recibe, quien abraza otorga y al mucho dar mucho se lleva.
Abrazar conforta, y abrazar libera, nadie puede permanecer impávido al abrazo, si no surge el abandono espontaneo, no se ha producido el abrazo completo.
Para abrazar vale cualquier momento y cualquier circunstancia, se abraza para confortar, para felicitar, para despedir o para recibir al ausente. Se abraza sólo porque se ama mucho, y porque recién se descubre. Quien abraza, lo mismo ríe, que llora. Lo mismo se abraza al amigo, a la esposa, a la madre, al hijo, al compañero. Abrazar es una de las muestras de cariño más universales. Mucho más que el beso, que según la cultura se hace acopio de formas y formalidades para dar y recibirlo.
No hay malinterpretación en el abrazo sincero.
Sana costumbre la de repartir abrazos, de todo tipo: abrazos tímidos, abrazos fuertes y contundentes como los de oso, abrazos que permiten esconder la cara en el hombro que cubre del dolor, y abrazos alegres y saltarines. Todo vale en el abrazo, si mientras se da y se recibe, el corazón reconoce y escucha las palabras cariñosas que solo la cercanía con otro corazón le pueden dar.

A próposito del cine

Suelo llorar en las películas. Las escenas dramáticas, los finales felices, en donde el protagonista ha sufrido lo indecible, luchando para conseguir aquello que permaneció como objetivo oculto y colofón de la trama, suelen causar en mi un efecto de emoción incontenible. Es verdad que también gozo las películas en donde las ocurrencias del momento, ya se trate de humor sencillo o más elaborado, invitan a la risa fácil y reparadora. Pero llorar en escenas cargadas de drama y exaltación se ha convertido en mi pasión principal.

Esto no es nada nuevo, ya de niña solía hacerme con la protagonista principal y cargar en ella mi propio espíritu, lograr en simbiosis juvenil, que su energía impregnara mis sueños y mi andar, pues al final salía del cine recreando en mi carne sus gestos, voz y caminar. Hacía mías sus desventuras, amores y pensamientos. Tomando en cuenta que la adolescencia es la época en que aflora el gusto por encontrar sentido a la vida y propia identidad. No es de extrañar que tanto yo, como todos, a esa edad hemos de ir probando diferentes trajes que aun siendo prestados, nos presentan una idea vaga de si nos ha de llegar a calzar o no.

Los personajes de cine, sus situaciones, el ambiente de la película, suelen convertirse en motores que impulsan al viaje del sueño despierto. En un mundo seguro y arropado hemos de convertirnos en testigos de realidades que alguna vez soñaron y plasmaron otros, para incluirnos en su sueño. No haré mención de intereses más mundanos, prosaicos y menos románticos por no hacer acopio de apologías inoportunas. Como todo en la vida, el mundo del cine tiene varias perspectivas y como en todo también somos libres de elegir nuestra propia visión del mismo.

Si me esta permitido elegir, prefiero pensar en aquello que llena de luz y misterio a la película.

No me gustan en cambio las películas de miedo, cada quien sus gustos, sufro lo indecible cuando el protagonista ha de pasar un susto o accidente probable. Cuando la muerte lo acecha. Lo mismo me sucede con las corridas de toros, sufro por el toro y también por el torero, pensar que aun bajo su cuenta y riesgo pueda sufrir en cualquier momento, me mantiene en tensión constante, como si mi preocupación pudiera librarle de la contrariedad.

Es verdad que somos responsables de nuestra salud emocional. Lo que vemos, oímos y sufrimos atraviesa cada capa de nuestro ser, afectando no sólo el estado de animo, sino la salud en general. Una sesión de cine cargada de risas tiene la ventaja de apoyar al enfermo en su recuperación pues eleva la eficiencia del sistema inmunológico. En cambio dos horas de sufrimiento intenso lo vive nuestro cuerpo como real ¿en donde esta la diferencia? Aún encerrados en una sala de cine. La adrenalina se dispara de igual manera. Lo mismo que la serotonina en situación contraria.

Si tomamos vitaminas cada día, cuidando la piel de los efectos del envejecimiento con cremas y alimentos saludables, protegiéndonos del sol y del medio ambiente agresivo. Tal vez sea buena idea incorporar en la rutina semanal una buena sesión de películas encaminadas a alimentar el espíritu, de esas que exaltan valores ya en desuso, que potencian el brío del ser humano, evitando aquello que lo denigra, pues al igual que las malas cremas, solo nos van a sacar arrugas.

domingo, mayo 24

Truco

Soy un ama de casa despistada. No me averguenza reconocerlo, después de mucho tiempo fungir como todo, menos como mujer de hogar modelo, aun no logro hacerme a la idea. Sin embargo, como en las clases de matematicas (nunca entendí la explicación de la profesora) me doy mis mañas para llegar a un buen resultado aunque por procedimiento distinto. Y he aqui que termine haciendo lo que parecía una aberración en informatica, darle un uso domestico, prosaico a mas no poder.
Utilizo cada mañana mi conexion a internet para averiguar que he de ofrecer como manjar a mi familia. El procedimiento es sencillo, meto en internet los productos de mi refrigerador que se encuentran a punto de caducar, el motor de busqueda localiza recetas cuyos ingredientes coinciden con los mios, y enseguida aparece la receta maravillosa. Todos contentos.
Es buena idea eso de tener la compu metida en la cocina.

viernes, mayo 22

Me gustó

Ayer escuché una frase cierta como la vida misma. "Todo con ilusión, nada por obligación" ¡¡Cuantas cosas cambiarian si en realidad, y de corazon hacemos lo que hemos de hacer ilusionados!!

miércoles, mayo 20

Reconocimientos

Me doy cuenta que la gente vive pendiente del reconocimiento, el peor castigo que se le puede aplicar a alguien es simplemente ignorarlo. Hoy lo he pensado mientras escuchaba las noticias, por reconocimiento o falta de este, somos capaces hasta de hacernos con la vida de otro ser humano.

Pienso en los miles de medigos que recorren la ciudad, o en los músicos urbanos apostados en los pasillos del metro, tocando y pidiendo sin que nadie les ofrezca tan solo, una mirada. Pienso en los inmigrantes que se convierten en poco menos que nada. Escoria necesaria, mal de los males modernos.

Yo soy inmigrante, y sin embargo vivo una situación diferente, me he convertido en las pocas afortunadas que pasa inadvertida como extranjera, advertida como conciudadana, en donde mi acento mi delata y sin embargo superada la primer impresión causa gracia.

Pienso que diferente sería la convivencia asi los inmigrantes pudieran, porque les permitieran, compartir la riqueza de su cultura, hermando pueblo que acoge y quien busca la acogida. Pienso que diferente sería, si la gente comienza a mirar a los otros, los que no son vistos porque incomodan.

Si se les diera reconocimiento.

martes, mayo 19

ToDA vA CalADa

Fué mi hermana quien reparo en la frase que hoy adorna como entrada a mi nuevo blog. El hombre gritaba a voz en cuello para que los posibles compradores probaran sus sandias, prometía calarlas una por una, es por eso que anunciaba que de sus sandias "todas iban caladas", mi hermana lo interpreto como que "toda vaca alada".
Es lo hermoso del idioma, cada quien entiende lo que le da la gana.